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viernes, 28 de septiembre de 2012

LOS HIJOS Y LOS PADRES



  Un pastor intentaba que una cabra le siguiera, tirando de una cuerda con la que la tenía atada.
  Pero el hijo de la cabra estaba correteando por allí y la madre no quería alejarse del cabritillo, por lo que no había forma de moverla.
  Un sabio que estaba viendo la escena se acercó al pastor y le dijo:
-          En vez de tirar de la cabra, suéltala; carga al cabritillo sobre tus hombros, y no te preocupes de nada más.
  El pastor hizo caso al sabio. Cargó al cabritillo sobre sus hombros y echó a andar, sin preocuparse de la cabra.
  Entonces la cabra, para no separarse de su hijito, siguió rápidamente al pastor.


Moraleja: Esta fábula nos enseña que es mejor resolver los problemas con el ingenio que con la fuerza.



                                                                                                        Facundo Carugno Enrico – 2º “A”

EL GATO Y EL RATÓN



  Cuatro animales salvajes y de espíritu malvado vivían en el tronco de un pino, en el bosque. El gato, con sus garras afiladas; la lechuza de mirada penetrante; el ratón roedor con sus grandes dientes y la comadreja. Vivían allí, haciendo desmanes en las plantaciones y chacras vecinas. Hasta que una noche, cansado de estas maldades, colocó una red alrededor del árbol para terminar con los depredadores.
  Temprano en la madrugada, el gato fue el primero en despertar y con ganas de de desayunar, fue en busca de su presa. ¡Qué rico conejo cazará! Tenía tanta hambre que también podría haberse comido hasta un avestruz.
  Estaba todavía bastante oscuro y, metido en sus pensamientos, no advirtió la red y cayó en ella. Gritó desesperado pidiendo auxilio. El primero en llegar fue el ratón, que al verlo en desgracia, atrapado sin poder perseguirlo, saltó de alegría y se burló, de nuestro gato, como nunca lo había hecho.
  El gato, indefenso, lo imploró que lo ayudara.
-          Por favor, querido ratón – le dijo-, de todos los vecinos del tronco, tú eres el que mejor me cae. Te suplico que me ayudes y desates  estos nudos de la red para liberarme y salvar mi vida.
-          ¿Y yo qué obtengo a cambio?- dijo el ratón entrecerrando los ojos.
-          - Bueno, te prometo mi amistad y mi protección. No creas que soy desagradecido. La lechuza y la comadreja tendrán que vérselas conmigo antes de tocar un solo pelo de tu cola.
-          -¡Qué más quisiera yo que fura cierto! Pero no puedo creerte, vecino, sería muy tonto si lo hiciera.
  Y así, se fue a su refugio. Cuando estaba por entrar a su agujero, se topó con la comadreja que, amenazante, le impidió el paso. El ratoncito trepó rápido al tronco para escapar del peligro y se encontró con la lechuza, que abrió su pico ganchudo y sus alas en señal de guerra. ¡El peligro lo acechaba por todas partes!
  ¡Qué remedio! Bajó hasta donde estaba atrapado el gato y con sus dientecitos afilados cortó la cuerda. En ese momento, llegó el hombre para ver si había dado resultado su trampa. Los dos animales escaparon rápido.
  Tiempo después de no acercarse al viejo pino por temor a ser atrapados, el gato y el ratón se vieron.
  -¡Eh, amigo! – le gritó desde lejos-. Acércate a darme un abrazo. Pero el ratón, desconfiado, miró para otro lado.
  - Me ofende tu desconfianza –le dijo el gato - .¿Crees que he olvidado que te debo la vida?
  -¿Y tú crees que yo he olvidado tu naturaleza?- le respondió el ratón-. ¿Hay alguna ley que obligue a los gatos a ser agradecidos y no tentarse con un bocado?


Moraleja: no es conveniente confiar en una alianza impuesta por la necesidad.


                                                                                                                  Andrés  Corvalán - 2º "A"


¿QUÉ REFLEJAS?



  En un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugiarse del frío y de la nieve, logró meterse por un agujero de una de las puertas  de la casa y subió lentamente las escaleras.
  Allí se encontró con una puerta semiabierta, lentamente entró en el cuarto y para su sorpresa, se dio cuenta que había mil perros más, observándolo fijamente.
  El perrito viendo que no estaba solo, comenzó a saltar y a dar vueltas, mientras observaba que los otros perritos hacían lo mismo. Ese sería un lugar ideal para protegerse del frío y además en compañía.
  Tiempo después, otro perro entró al mismo sitio y se encontró en el mismo cuarto.
  Pero a diferencia del primero, al ver a tantos perros en el cuarto, se sintió amenazado por la manera agresiva en que los mil perros lo miraban.
   Entonces empezó a gruñir y observó cómo los otros perros también le gruñían a él. Comenzó a ladrarle ferozmente y los otros hicieron lo mismo.
  Cuando salió del cuarto pensó: Qué lugar tan horrible es éste… nunca más volveré a entrar a allí.
  El nunca lo supo, pero frente a esa casa había un letrero que decía:
“BIENVENIDOS A LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS”
  En realidad todos los rostros del mundo son espejos. Cada uno decide que rostro quiere tener y este será el que refleje a través de sus gestos y actitudes.



Moraleja: Si se trata bien a los demás personas, ellos me van a tratar de la misma manera.


                                                                                                                       Celeste Benech - 2º "A"

LA LECHERA



  Iba una muchachita al mercado a vender un cántaro de leche que le habían regalado, caminaba feliz saludando a todos los animales que se encontraban por el camino.
-          ¡ Qué bien! - se decía-, con el dinero que me den por la leche podré comprar muchos huevos, de los que saldrán cientos y cientos de pollitos.
-          Esos pollitos cuando estén bien criados valdrán mucho dinero. Cuando los venda compraré un buen cerdo, al que engordaré con bellotas del campo.
-          Y por ese cerdo tan hermoso me darán lo suficiente para comprar una hermosa vaca con sui ternero; este se irá haciendo grande y la vaca me dará leche sin cesar.
-          Con la leche haré muchos quesos que venderé en el mercado y con todo el dinero que gane podré comprar…
  Absorta en sus pensamiento, la lechera tropezó con una piedra y, ¡oh, desgracia!, el cántaro cayó y se hizo añicos, derramándole toda la leche por el camino. Por soñar tanto había perdido lo único que tenía realmente: ¡el cántaro de leche!


Moraleja: Por soñar con el futuro no debemos descuidar el presente.



                                                                                                                    Valeria  Kohan - 2º "A"

LOS TRES MONOS



  Tras la vidriera de una veterinaria había tres monos sentados. Podían jugar como les diera la gana, y cuando se cansaban, se sentaban a mirar a la gente. Pero la gente no se portaba muy bien.
  Las tres chismosas del pueblo charlaban a coro en la esquina, y los monos oyeron las cosas que decían. Las tres mujeres, una llena de joyas, la otra llena de verrugas y la otra con pelo postizo, hablaron  y hablaron durante horas sobre todas las cosas del pueblo y de los vecinos.
  ¡Eran tan chismosas! Si lo que ellas decían hubiera sido verdad, no habría existido una sola persona decente en el pueblo; salvo las tres señoras, por supuesto.
   Las mujeres estaban seguras de que sabían todo y no dejaban de hablar y contar chismes sobre todo. El intendente ya se había quejado de ellas, y también el cura, pero las señoras no hacían caso a nadie.
  Entonces los monos hicieron algo muy extraño. Se sentaron uno junto al otro, detrás del vidrio, en hilera. El primero de ellos se tapó la boca con las manos; el segundo se puso las manos delante de los ojos; y el tercero se cubrió las orejas. Y así se quedaron sentados, muy quietos. Resultaba muy raro ver a aquellos tres monos silenciosos, y la gente se acercó a mirarlos. Pero nadie podía entender lo que hacían. Hasta que pasó un escultor que comprendió enseguida el significado.
  “·¿No lo ven, queridos amigos? Fíjense en aquellas tres chismosas allá, y luego piensen un poco. Esos monos nos están dando una sabia lección. ¡No hablar mal, no ver sólo el mal, no oír mal! Ahora mismo me pondré a hacer una estatua con ellos así, y la haré conocer en todo el mundo”.


Moraleja: No hay que hablar de los demás, no hay ver sólo lo malo, no hay que repetir lo que se escucha.



                                                                                                                 Ignacio Vignolo - 2º "A"

EL BURRITO QUE CARGABA SAL



  Dos burros volvían del puerto cargando enormes cestos llenos de sal para su amo. Cuando pasaban cerca del río, uno de ellos tropezó con una piedra y se cay
O al agua. Al levantarse, sintió que su carga era mucho más liviana… ¡Claro! Gran parte de la sal se había disuelto.
Muy contento, le dijo a su compañero:
-¡Jua! ¡Ahora camino mucho más liviano! Ya sé qué voy a hacer la próxima vez que pasemos por acá con una carga pesada.
  Unos días después, los dos burros volvieron a recorrer el mismo camino, esta vez traían del puerto unos cestos repletos de algodón. Cuando llegaron al río, el burro se tiró a propósito en el mismo lugar y esperó a que se mojara bien toda su carga. Con una sonrisa triunfante, intento levantarse, pero… ¡cuánto le costó! ¡El algodón había absorbido agua y ahora pesaba el doble! Mientras se incorporaba con muchísimo esfuerzo, escuchó que el otro burro le decía:
-          ¿Viste? Te creías muy astuto y quisiste evitar tu deber… ¡Así, solo lograste perjudicarte a vos mismos!


Moraleja: A veces por evitar nuestro deber y creemos más astutos, sólo logramos perjudicarnos a nosotros mismos.



                                                                                                                                   Lola Abiad - 2º "A"

LA ZORRA Y LAS UVAS



  Había una vez una zorra que llevaba casi una semana sin comer, había tenido muy mala suerte, le robaban las presas y el gallinero que encontró tenía un perro guardián muy atento y un amo rápido en acudir con la escopeta.
Ciertamente estaba muertecita de hambre cuando encontró unas parras silvestres de las que colgaban unos suculentos racimos de doradas uvas, debajo de la parra había unas piedras, como protegiéndolas.— Al fin va a cambiar mi suerte, —pensó relamiéndose—, parecen muy dulces. Se puso a brincar, intentando alcanzarlos, pero se sentía muy débil, sus saltos se quedaban cortos los racimos estaban muy altos y no llegaba. Así que se dijo: —Para que perder el tiempo y esforzarme, no las quiero, no están maduras.
Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las piedras parándose en dos patas hubiese alcanzado los racimos, esta vez le faltó algo de astucia a doña zorra, parece ser que el hambre no la deja pensar.



Moraleja: Hay que esforzarse para conseguir lo que se desea pero pensando primero que es lo que queremos y como conseguirlo, no sea que nos pongamos a dar brincos cuando lo que necesitamos es estirarnos, y perdemos el tiempo y el esfuerzo.



                                                                                                          Ignacio Mateos Lucci  - 2º "A"

EL CUERVO Y LA ZORRA



  Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de queso y se retiró a un árbol.
  Lo vio una zorra y deseó quedarse con aquel queso. Para ello se acercó al cuervo y empezó a halagarlo; le dijo que tenía la presencia del águila, que era más hermoso que el ruiseñor y más inteligente que el búho- al final, le dijo que no había en el mundo nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que su único problema era la falta de voz.
  El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la voz, soltó el queso para lanzar con orgullo un fuerte grito.
  La zorra no perdió tiempo y atrapó con sus dientes el pedazo de queso. Entonces dijo: -Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría en verdad para ser el rey de las aves.
 

Moraleja: Si te dicen muchas cosas lindas, tené cuidado que no te roben.



                                                                                                                           Lara Mac Kay - 2º "A"

LOS RATONES Y LAS COMADREJAS



  Por motivos que ya nadie recuerda, en cierta ocasión, los ratones les declararon la guerra a las comadrejas. Inferiores en tamaño y en fuerza, los ratones resultaron vencidos una y otra vez. Convocaron entonces a una asamblea general.
  Un viejo ratón propuso con humildad y sensatez:
-          Amigos, las comadrejas son más fuertes que nosotros, y tantas derrotas nos muestran que lo mejor será terminar, de una vez y para siempre, con esta guerra.
-          ¡De ninguna manera! – se opuso un ratón joven y presuntuoso-. Es cierto que hasta ahora hemos perdido, pero el problema es muy sencillo de resolver. ¿Por qué nos ganan las comadrejas? Porque tiene un ejército bien organizado. En cambio, nosotros atacamos sin ninguna táctica.
Un murmullo de aprobación se escuchó en la asamblea. El joven continuó:
-          Es necesario que nos organicemos y nombremos a un general que conduzca a nuestro valeroso ejército hacia la victoria.
-          ¡Bravo! ¡Así se habla! – gritaban todos.
Por amplia mayoría, su propuesta fue aprobada y le otorgaron el mando de las tropas. A partir de ese momento, lo llamaron “Gran General”, cosa que él aceptó gustoso.
En los días sucesivos, el Gran General dividió su ejército en escuadrones, repartió tareas y los puso a entrenarse.
Estaba tan orgulloso de su poderío, que consideró que debía buscar el modo de distinguirse de sus subordinados. Mandó entonces que le hicieran una larga capa. El General se paseó con altivez entre los ratones arrastrándola de aquí para allá.
-          Es indispensable que me vean en el campo de batalla para poder acatar mis órdenes – se justificaba, pero, en realidad, era un presumido.
Cuando llegó el de la batalla, el Gran General se colocó con paso majestuoso a la cabeza de su ejército, luciendo su estrafalaria vestimenta.
-¡Al ataque…! –gritó mientras señalaba con su brazo al enemigo.
Pero no pudo decir más, porque las comadrejas se abalanzaron de inmediato sobre ellos. Los ratones huyeron despavoridos y se ocultaron en sus cuevas. Pero el Gran General se enredó en su capa y, de inmediato, las comadrejas lo atraparon. Así perdió la vida en manos de sus enemigas.


Moraleja: Nadie debe creerse mejor que otro.



                                                                                                                 Candela Baccaro - 2º "A"

LA CIGARRA Y LA HORMIGA



  La cigarra era feliz disfrutando del verano: El sol brillaba, las flores desprendían su aroma...y la cigarra cantaba y cantaba. Mientras tanto su amiga y vecina, una pequeña hormiga, pasaba el día entero trabajando, recogiendo alimentos.
  - ¡Amiga hormiga! ¿No te cansas de tanto trabajar? Descansa un rato conmigo mientras canto algo para ti. – Le decía la cigarra a la hormiga.
  - Mejor harías en recoger provisiones para el invierno y dejarte de tanta holgazanería – le respondía la hormiga, mientras transportaba el grano, atareada.
  La cigarra se reía y seguía cantando sin hacer caso a su amiga.
  Hasta que un día, al despertarse, sintió el frío intenso del invierno. Los árboles se habían quedado sin hojas y del cielo caían copos de nieve, mientras la cigarra vagaba por campo, helada y hambrienta. Vio a lo lejos la casa de su vecina la hormiga, y se acercó a pedirle ayuda.

  - Amiga hormiga, tengo frío y hambre, ¿no me darías algo de comer? Tú tienes mucha comida y una casa caliente, mientras que yo no tengo nada.
  La hormiga entreabrió la puerta de su casa y le dijo a la cigarra.
  - Dime amiga cigarra, ¿qué hacías tú mientras yo madrugaba para trabajar? ¿Qué hacías mientras yo cargaba con granos de trigo de acá para allá?
  - Cantaba y cantaba bajo el sol- contestó la cigarra.
  - ¿Eso hacías? Pues si cantabas en el verano, ahora baila durante el invierno-
  Y le cerró la puerta, dejando fuera a la cigarra, que había aprendido la lección.



Moraleja: No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

                

                                                                                                                   Matías Bolatti -  2º "A"





EL PASTOR MENTIROSO



  Había una vez un pastor muy bromista y mentiroso. Todos los días, cuando regresaba a su casa, después de haber llevado a pastar a su rebaño, entraba corriendo en el pueblo gritando:
-          ¡Viene el lobo! ¡Viene el lobo!
  Al oír los gritos, todos los habitantes se metían en sus casas muertos de miedo. Y allí encerrados se quedaban hasta que oían de nuevo al pastor.
-          ¡Ja, ja, ja! ¡No es verdad! ¡Sólo era una broma! ¡Tontos!
  Y todos los días los habitantes del pueblo miraban malhumorados al pastor que siempre se alejaba riéndose.
Todos los días… Hasta que … ¿Sabes qué pasó?
  Un día, como tantos otros, el pastor volvió corriendo al pueblo. Gritaba tanto o más que en otras ocasiones:
-          ¡Viene el lobo! ¡Viene el lobo!
  Pero esta vez corría más deprisa de lo normal y gritaba también más fuerte de lo normal… Sin embargo, los vecinos del pueblo no le hicieron caso, hartos ya de que el pastor les hubiera engañado tantas veces…
  Y ¿Sabes cómo terminó todo? ¡Claro! Esta vez sí que fue de verdad que venía el lobo. Y como nadie del pueblo le hizo caso, el pastor se quedó sin ovejas, pues el lobo se las comió todas.



Moraleja: A los mentirosos nadie les cree, ni siquiera cuando dicen la verdad.



 Mateo Albrichi -  2º "A"


Moraleja: Al mentir siempre al final nadie te va a creer.



                                                                                                                            Delfina Jaef - 2º “A”                                                                                

EL LEÓN Y EL RATÓN



  Unos ratoncitos, jugando tranquilos en un bosque, despertaron a un león que dormía plácidamente al pie de un árbol. La fiera, levantándose de pronto, atrapó entre sus garras al más atrevido de la pandilla.
  El ratoncillo, con mucho miedo, prometió al león que si lo perdonaba la vida la emplearía en servirlo; y aunque esta promesa lo hizo reír, el león terminó por soltarlo. Tiempo, después, la fiera cayó en las redes que un cazador le había tendido y como, a pesar de su fuerza, no podía librarse, atronó la selva con sus furiosos rugidos. El ratoncillo, al oírlo, acudió presuroso y rompió las redes con sus afilados dientes. De esta manera el pequeño ex prisionero cumplió su promesa, y salvó la vida del rey de los animales. El león meditó seriamente en el favor que acababa de recibir y prometió ser en adelante más generoso.



Moraleja: Los débiles ayudan a los fuertes.



 Ismael Rouco - 2º "A"


Moraleja: En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan ayuda de los débiles. Hasta el león que es el más fuerte necesita la ayuda del más chiquito y débil de los animales, que es el ratoncito.



 Joaquín Dvoretzky  - 2º "A"
  
Moraleja: Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando el momento los cumplirán.


                                                                                                    Alejandro Quacquarini  - 2º "A"


Moraleja: A veces los más grandes necesitan ayuda de los más pequeños.



 Agostina Calabrese - 2º "A"


Moraleja: El ratón cumplió con su palabra.



 Mateo Colautti  - 2º "A"

Moraleja: Aunque sea grande o pequeño siempre uno ayuda al otro cuando se necesita.



  Pilar  - 2º "A"


Moraleja: El más fuerte puede necesitar la ayuda del más pequeño.



                                                                                                      Maximiliano  González - 2º "A"

LA LIEBRE Y LA TORTUGA



  En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.
  - ¡Mirad la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! - decía la liebre riéndose de la tortuga.
  Un día decidieron hacer una carrera entre ambas. Todos los animales se reunieron para verlo. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.
  La liebre corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.
  Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.
  Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.
  Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse.
  Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó a dormir bajo un árbol. Pero, pasito a pasito, la tortuga avanzó hasta llegar a la meta.
  Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero llegó tarde. La tortuga había ganado la carrera.
  Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse nunca de los demás.


Moraleja: No hay que burlarse de los demás.


 Candela  Luján - 2º "A"


Moraleja: No me debo burlar de los demás.

  Juan Ignacio Romera - 2º "A"


Moraleja: No subestimes las capacidades propias o ajenas y sé constante en todo lo que te propongas.


Mateo Albrichi - 2º "A"
                                                            
                                                                                                                         
Moraleja: Que no hay que burlarse de los demás aunque sean diferentes.


 Julia  Munich - 2º "A"


Moraleja: No hay que burlarse de los demás, ni creernos mejores que el otro. Hay que ser humildes.


                                                                                                      Agostina Capotosti - 2º "A"


Moraleja: No hay que burlarse de los demás ni creerse  mejor que las otras personas.


                                                                                                        Manuel Weisburd -  2º "A"


Moraleja: despacio se llega lejos.


                                                                                                              Sofía Cornejo - 2º "A"

 

Moraleja: debemos ser constantes y humildes para lograr lo que nos proponemos, como hizo la tortuga.


 Santiago Díaz  Fernández - 2º "A"


Moraleja: Que no se burlen y no se rían de los demás.



 Tomás D’amico - 2º "A"

¿QUÉ PASÓ CON LOS ANIMALES?


Estábamos mirando un programa de televisión en casa de Dani. Como de costumbre, Paula comía sus galletitas, Marina hacia piruetas y miraba cabeza abajo la TV, Dasniçççni, el estudioso del grupo, hacía los deberes con un, solo ojo y con el otro miraba los dibujitos sin perder detalle, y yo acariciaba a Boby, el perro, que dormía plácidamente.
De pronto el programa se interrumpió y aparecieron en la pantalla rayas multicolores. Todos nos miramos asombrados.
-          ¿Qué pasa? – preguntó Paula.
-          Se rompió la tele – exclamó preocupado Dani.
-          Pero esas rayas son muy raras – comentó Marina.
-          - Miren, miren, aparece la cara de un chico – grité.
Boby se despertó y empezó a guiñar a la tele.
“A-TENCIÓN. A-TEN-CIÓN. ÉSTE ES UN MENSAJE PARA PAULA, MARINA, DANI Y NICOLÁS. A-TEN-CIÓN. A-TEN-CIÓN.”
Nos quedamos mudos. En la pantalla aparecieron dos chicos vestidos de manera extraña. Sentimos mucha curiosidad.
Los chicos de la tele siguieron hablando:
-          Sabemos que nos están escuchando. Necesitamos su ayuda. Es muy importante que nos encontremos. Los esperamos a las siete de la tarde en el zoológico, al lado de la jaula del elefante. Repetimos, necesitamos su ayuda. Venimos del futuro y no tenemos mucho tiempo.
-          Me parece que éste es el comienzo de una gran aventura – gritó entusiasmado Dani-. Tenemos que ir al zoológico antes que cierre, por suerte estamos cerca.
Sin perder un segundo, nos pusimos en marcha. Entramos al zoológico y nos escondimos en un arbustos, cerca de la jaula de los leones.
Anochecía. Cuando ya sólo escuchamos los sonidos de los animales, salimos y caminamos hacia la jaula del elefante.
A las siete en punto un arco iris en miniatura cayó sobre nosotros. Retrocedimos asustados. Las formas de una nave se hacían cada vez más nítidas. Finalmente, aterrizó. Un perro de raza desconocida, fue el primero en bajar de la nave, y nos tranquilizó con sus mimos. Detrás de él aparecieron los dos misteriosos mensajeros, que nos miraron sonriendo y en silencio. Enseguida entendidos que seríamos amigos.
-          Gracias por venir – dijo la pecosa del grupo-. Yo me llamo Florencia, y mi amigo es Martín. Nuestro perro robot se llama Laserito.
-          Pero, ¿cómo saben nuestros nombres? – preguntó Paula.
-          Porque venimos del futuro –contestó Florencia-. Queremos contarles nuestro gran problema. Escuchen:
“En nuestra época casi no quedan animales. Hasta el zoológico es artificial, son todos robots que imitan a los animales que no existen. Muchas especies están desapareciendo. Cada vez hay menos reservas naturales. Queremos que en nuestra época haya tanta vida y variedad de animales como en la de ustedes. ¡Tienen que ayudarnos!
-          ¿Por qué desaparecen tantos animales? – pregunté-. ¿Qué se puede hacer para que esto no ocurra más?
-          ¿Y nosotros, qué podemos hacer? – preguntó Marina.
Por ahora , acompáñennos a hacer un viaje por el pasado en nuestra nave del tiempo.
-¡¿Qué?! – dijimos a coro, y Boby se tapó la cabeza con las patas.
- Sí, vengan a conocer los animales que había en el pasado para averiguar por qué desaparecieron – explicó Florencia.
- ¿Y yo qué hago con mis deberes? – preguntó Dani.
- Yo mañana tengo un cumpleaños – dijo Marina.
- No se preocupen, nuestra nave del tiempo nos va a traer de vuelta a este mismo momento.
Ya más tranquilos, aceptamos la invitación y comenzamos a subir a ese loquicómico aparato, con un picaporte que abría la puerta de los siglos. Por dentro la máquina parecía más espaciosa que por fuera.
  Sentíamos cosquillas en todo el cuerpo y nos moríamos de ganas de apretar los botones que había por todos lados.
  En una pantalla apareció el rostro del abuelo muy simpático que contestó a Dani afectuosamente:
-          Hola chicos, me llamo Von Verde. Gracias por venir a ayudarnos en esta misión tan importante. Nuestra nave del tiempo tienen energía para pocas escalas, así que tenemos que elegir bien las épocas que visitaremos.
-          Les propongo viajar a la prehistoria para conocer los dinosaurios y otros animales que desaparecieron hace millones de años.
  En ese momento Martín bajó una palanca que hizo que nosotros nos convirtiéramos en pedacitos de colores del arco iris. Fue maravilloso. Duró sólo unos segundos. Enseguida volvimos a ser nosotros pero ya no estábamos en el zoológico. Por la ventana de la nave vimos un paisaje increíble.
-          ¡Qué lugar tan raro! – exclamó Florencia.
-          ¿Qué es eso que se mueve en el lago? – preguntó Marina.
-          Tiene como veinticinco metros de largo – informó Dani.
-          Es un brontosaurio, de la familia de los dinosaurios. Es uno de los animales más grandes que existieron sobre la Tierra. Pesa como mil chicos de treinta kilos cada uno, y sin embargo sus dientes son muy chiquititos –nos dijo Von Verde.
-          ¿Se imaginan el plato de sopa del bronto-no-sé-que? –bromeé yo. Desde la pantalla se escuchó la risa de Von Verde.
-          Éstos dinosaurios sólo se alimentaban de plantas y se extinguieron antes de la aparición del hombre por causas desconocidas.
-          Se acerca el bro…, bron… el bront… -tartamudeó Paula.
La nave comenzó a rebotar como una pelota contra el piso. Por suerte Martín, con rápidos reflejos, pudo elevarla.
-          Parece que también nosotros le llamamos la atención al brontosaurio –dijo Von Verde-. Pero ahora tenemos que partir nuevamente. Viajaremos al siglo XIX, para ver cómo cazaban a los búfalos, las ballenas, y los elefantes.
De pronto aparecimos sobrevolando una manada de búfalos.
-          ¡Qué maravilla! ¡Podemos ver los búfalos de verdad! –dijo Martín con lo ojos abiertos como dos tapitas de gaseosas.
Boby y Laserito comenzaron a correr por toda la nave imitando a los búfalos. Pero pronto comenzamos a escuchar disparos. ¿Por qué los estaban cazando?
Von Verde leyó en voz alta la Enciclopedia espacial: “La piel del búfalo era muy codiciada en el siglo XIX por su alto valor”…
-          ¿Y los cazan sólo para sacarle la piel? –lo interrumpió Paula.
-          Sí. Y tanto los persiguieron que en nuestra época ya casi no existen – contestó Von Verde-. Pero también podemos ver lo que sucede en el siglo XIX con las ballenas.
Sin darnos cuenta, estábamos volando sobre el océano. A lo lejos vimos unas pequeñas manchas que se transformaban en barcos a medida que nos acercábamos. Tenían enormes arpones sobre la cubierta y estaban rodeados de ballenas que habían cazado.
-          Ésta es la razón por la que en nuestra época no existen ballenas, dijo Martín-. Y lo mismo pasó con los elefantes…
En un instante dejamos el océano y aparecimos en el corazón de África.
Viajábamos en dirección a un lago cuando Paula nos señaló una caravana de carretas llenas de ¡colmillos de elefantes!
Nuevamente surgió la voz de Von Verde:
-          Sí, como se imaginan, los elefantes siempre fueron perseguidos por sus colmillos, que son de marfil, un material muy valioso. Los elefantes existen desde hace cincuenta millones de años.
-          Cincuenta millones de años y corren peligro de desaparecer si no hacemos algo – dijo Marina.
-          Volvamos al tiempo de ustedes –dijo Martín y bajó una palanca.
Nuevamente nos convertirnos en arco iris y regresamos al lado de la jaula del elefante. Pero ahora lo miramos con más cariño.
Boby, seguido de Laserito, bajó rápidamente en busca de un árbol.
-          Ya vimos que pasó con algunos animales del siglo pasado… ¿Y ahora, que estará pasando? –preguntó Paula.
-          Mi tío es veterinario. ¡Vamos a preguntarle a él!- dijo Dani.
En un minuto, gracias al arco iris aterrizamos en el techo del consultorio del tío Ricardo. Bajamos las escaleras y entramos en la sala de espera, y al ratito se abrió la puerta del consultorio. Salió una señora con un gatito muy chiquito entre sus brazos. El tío Ricardo nos miró asombrado, pero contento de que estuviéramos allí. Antes de que pudiera hablar, Daniel le dijo:
-          Tío, necesitamos tu ayuda para una tarea de la escuela.
-          Bueno, cuéntame.
-          Si siguen cazando ballenas y otros animales, ¿hay peligro de que desaparezcan? –dijimos todos juntos.
-          ¡Uh! ¡Qué pregunta! –contestó-. Me alegro de que estén preocupados por este tema. Desgraciadamente los animales no lo están pasando bien en este momento. En algunos casos porque se los sigue cazando en exceso y en otros por la destrucción de bosques y selvas, o por la contaminación de las aguas. Los estamos dejando sin un lugar donde vivir. Estamos destruyendo su casa.
-          Cazaban los búfalos para sacarle la piel, a los elefantes por los colmillos, pero ¿por qué destruimos el hogar donde viven? –preguntó Florencia al tío Ricardo.
-          Por suerte hay mucha gente que se está dando cuenta de esto e intenta cambiarlo. En muchos países se está luchando por preservar los bosques y selvas, convirtiéndolas en reservas naturales donde se prohíbe la caza y la pesca. Hay grupos de personas que se encargan de proteger a las ballenas, a las focas y a otros animales en distintas partes del mundo. Pero es necesario que cada vez más gente conozca este problema para que los pueblos y gobiernos del mundo se pongan de acuerdo para proteger la vida en el presente o en el futuro.
Nos quedamos callados, pero… ¡ya sabíamos qué hacer!
De pronto se escucharon ladriditos. Una señora abrió la puerta y entraron cinco cachorros seguidos por su mamá.
-          ¡Te felicito Pompi! Fuiste mamá –exclamó contento el tío Ricardo-. Bueno chicos, ahora tengo que atender a Pompi y sus cachorros.
-          Pero tío, otro día queremos seguir hablando las cosas que se pueden hacer por los animales. ¡Queremos que nos ayudes!
-          Para mí va a ser una enorme alegría trabajar juntos –dijo el tío Ricardo entrando al consultorio.
Subimos a la terraza. Al entrar en la nave, Von Verde nos preguntó desde la pantalla:
-          Y chicos… ¿averiguaron algo nuevo?-.
-          Sí, pero, Von Verde, queremos preguntarle algo .dijo Paula-. ¿Por qué nos eligió a nosotros para esta misión?
Von verde contestó:
-          Los elegí a ustedes como elegiré a los chicos porque la época en que ustedes viven, los hombres comenzaron a destruir cada vez más bosques y selvas, a contaminar más ríos, lagos y mares poniendo en peligro la vida de muchas especies como nunca antes había sucedido en la historia.
Martín que estaba atento a los controles de la nave, dijo:
-          Desgraciadamente nos queda poca energía, debemos volver.
Nos dio mucha tristeza, habíamos compartido miles y miles de años con nuestros amigos.
-          ¿Qué van a hacer? –preguntó Florencia.
-          Hay que contarle este problema a nuestros amigos –dijo Paula.
-          A TODOS… Hasta a los presidentes. ¡No queremos robots en lugar de animales!
Nos abrazamos. Boby lamió la cara de Laserito.
Nos quedamos mirando la nave que despegaba. Entonces yo grité:
-          ¡Martín! ¡Florencia! Cuando vuelvan al futuro van a encontrar un mundo distinto, lleno de animales. ¡Nosotros ayudaremos a cuidarlos!
Mil estrellas brillaban en el cielo y por primera vez en nuestra vida vimos un hermoso arco iris dibujarse en la noche.

Enseñanza: debemos cuidar el planeta para que no mueran ni los animales ni las plantas.


Fausto Fernández - 2º  "C"