viernes, 28 de septiembre de 2012

LA LECHERA



  Iba una muchachita al mercado a vender un cántaro de leche que le habían regalado, caminaba feliz saludando a todos los animales que se encontraban por el camino.
-          ¡ Qué bien! - se decía-, con el dinero que me den por la leche podré comprar muchos huevos, de los que saldrán cientos y cientos de pollitos.
-          Esos pollitos cuando estén bien criados valdrán mucho dinero. Cuando los venda compraré un buen cerdo, al que engordaré con bellotas del campo.
-          Y por ese cerdo tan hermoso me darán lo suficiente para comprar una hermosa vaca con sui ternero; este se irá haciendo grande y la vaca me dará leche sin cesar.
-          Con la leche haré muchos quesos que venderé en el mercado y con todo el dinero que gane podré comprar…
  Absorta en sus pensamiento, la lechera tropezó con una piedra y, ¡oh, desgracia!, el cántaro cayó y se hizo añicos, derramándole toda la leche por el camino. Por soñar tanto había perdido lo único que tenía realmente: ¡el cántaro de leche!


Moraleja: Por soñar con el futuro no debemos descuidar el presente.



                                                                                                                    Valeria  Kohan - 2º "A"

LOS TRES MONOS



  Tras la vidriera de una veterinaria había tres monos sentados. Podían jugar como les diera la gana, y cuando se cansaban, se sentaban a mirar a la gente. Pero la gente no se portaba muy bien.
  Las tres chismosas del pueblo charlaban a coro en la esquina, y los monos oyeron las cosas que decían. Las tres mujeres, una llena de joyas, la otra llena de verrugas y la otra con pelo postizo, hablaron  y hablaron durante horas sobre todas las cosas del pueblo y de los vecinos.
  ¡Eran tan chismosas! Si lo que ellas decían hubiera sido verdad, no habría existido una sola persona decente en el pueblo; salvo las tres señoras, por supuesto.
   Las mujeres estaban seguras de que sabían todo y no dejaban de hablar y contar chismes sobre todo. El intendente ya se había quejado de ellas, y también el cura, pero las señoras no hacían caso a nadie.
  Entonces los monos hicieron algo muy extraño. Se sentaron uno junto al otro, detrás del vidrio, en hilera. El primero de ellos se tapó la boca con las manos; el segundo se puso las manos delante de los ojos; y el tercero se cubrió las orejas. Y así se quedaron sentados, muy quietos. Resultaba muy raro ver a aquellos tres monos silenciosos, y la gente se acercó a mirarlos. Pero nadie podía entender lo que hacían. Hasta que pasó un escultor que comprendió enseguida el significado.
  “·¿No lo ven, queridos amigos? Fíjense en aquellas tres chismosas allá, y luego piensen un poco. Esos monos nos están dando una sabia lección. ¡No hablar mal, no ver sólo el mal, no oír mal! Ahora mismo me pondré a hacer una estatua con ellos así, y la haré conocer en todo el mundo”.


Moraleja: No hay que hablar de los demás, no hay ver sólo lo malo, no hay que repetir lo que se escucha.



                                                                                                                 Ignacio Vignolo - 2º "A"

EL BURRITO QUE CARGABA SAL



  Dos burros volvían del puerto cargando enormes cestos llenos de sal para su amo. Cuando pasaban cerca del río, uno de ellos tropezó con una piedra y se cay
O al agua. Al levantarse, sintió que su carga era mucho más liviana… ¡Claro! Gran parte de la sal se había disuelto.
Muy contento, le dijo a su compañero:
-¡Jua! ¡Ahora camino mucho más liviano! Ya sé qué voy a hacer la próxima vez que pasemos por acá con una carga pesada.
  Unos días después, los dos burros volvieron a recorrer el mismo camino, esta vez traían del puerto unos cestos repletos de algodón. Cuando llegaron al río, el burro se tiró a propósito en el mismo lugar y esperó a que se mojara bien toda su carga. Con una sonrisa triunfante, intento levantarse, pero… ¡cuánto le costó! ¡El algodón había absorbido agua y ahora pesaba el doble! Mientras se incorporaba con muchísimo esfuerzo, escuchó que el otro burro le decía:
-          ¿Viste? Te creías muy astuto y quisiste evitar tu deber… ¡Así, solo lograste perjudicarte a vos mismos!


Moraleja: A veces por evitar nuestro deber y creemos más astutos, sólo logramos perjudicarnos a nosotros mismos.



                                                                                                                                   Lola Abiad - 2º "A"

LA ZORRA Y LAS UVAS



  Había una vez una zorra que llevaba casi una semana sin comer, había tenido muy mala suerte, le robaban las presas y el gallinero que encontró tenía un perro guardián muy atento y un amo rápido en acudir con la escopeta.
Ciertamente estaba muertecita de hambre cuando encontró unas parras silvestres de las que colgaban unos suculentos racimos de doradas uvas, debajo de la parra había unas piedras, como protegiéndolas.— Al fin va a cambiar mi suerte, —pensó relamiéndose—, parecen muy dulces. Se puso a brincar, intentando alcanzarlos, pero se sentía muy débil, sus saltos se quedaban cortos los racimos estaban muy altos y no llegaba. Así que se dijo: —Para que perder el tiempo y esforzarme, no las quiero, no están maduras.
Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las piedras parándose en dos patas hubiese alcanzado los racimos, esta vez le faltó algo de astucia a doña zorra, parece ser que el hambre no la deja pensar.



Moraleja: Hay que esforzarse para conseguir lo que se desea pero pensando primero que es lo que queremos y como conseguirlo, no sea que nos pongamos a dar brincos cuando lo que necesitamos es estirarnos, y perdemos el tiempo y el esfuerzo.



                                                                                                          Ignacio Mateos Lucci  - 2º "A"

EL CUERVO Y LA ZORRA



  Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de queso y se retiró a un árbol.
  Lo vio una zorra y deseó quedarse con aquel queso. Para ello se acercó al cuervo y empezó a halagarlo; le dijo que tenía la presencia del águila, que era más hermoso que el ruiseñor y más inteligente que el búho- al final, le dijo que no había en el mundo nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que su único problema era la falta de voz.
  El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la voz, soltó el queso para lanzar con orgullo un fuerte grito.
  La zorra no perdió tiempo y atrapó con sus dientes el pedazo de queso. Entonces dijo: -Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría en verdad para ser el rey de las aves.
 

Moraleja: Si te dicen muchas cosas lindas, tené cuidado que no te roben.



                                                                                                                           Lara Mac Kay - 2º "A"

LOS RATONES Y LAS COMADREJAS



  Por motivos que ya nadie recuerda, en cierta ocasión, los ratones les declararon la guerra a las comadrejas. Inferiores en tamaño y en fuerza, los ratones resultaron vencidos una y otra vez. Convocaron entonces a una asamblea general.
  Un viejo ratón propuso con humildad y sensatez:
-          Amigos, las comadrejas son más fuertes que nosotros, y tantas derrotas nos muestran que lo mejor será terminar, de una vez y para siempre, con esta guerra.
-          ¡De ninguna manera! – se opuso un ratón joven y presuntuoso-. Es cierto que hasta ahora hemos perdido, pero el problema es muy sencillo de resolver. ¿Por qué nos ganan las comadrejas? Porque tiene un ejército bien organizado. En cambio, nosotros atacamos sin ninguna táctica.
Un murmullo de aprobación se escuchó en la asamblea. El joven continuó:
-          Es necesario que nos organicemos y nombremos a un general que conduzca a nuestro valeroso ejército hacia la victoria.
-          ¡Bravo! ¡Así se habla! – gritaban todos.
Por amplia mayoría, su propuesta fue aprobada y le otorgaron el mando de las tropas. A partir de ese momento, lo llamaron “Gran General”, cosa que él aceptó gustoso.
En los días sucesivos, el Gran General dividió su ejército en escuadrones, repartió tareas y los puso a entrenarse.
Estaba tan orgulloso de su poderío, que consideró que debía buscar el modo de distinguirse de sus subordinados. Mandó entonces que le hicieran una larga capa. El General se paseó con altivez entre los ratones arrastrándola de aquí para allá.
-          Es indispensable que me vean en el campo de batalla para poder acatar mis órdenes – se justificaba, pero, en realidad, era un presumido.
Cuando llegó el de la batalla, el Gran General se colocó con paso majestuoso a la cabeza de su ejército, luciendo su estrafalaria vestimenta.
-¡Al ataque…! –gritó mientras señalaba con su brazo al enemigo.
Pero no pudo decir más, porque las comadrejas se abalanzaron de inmediato sobre ellos. Los ratones huyeron despavoridos y se ocultaron en sus cuevas. Pero el Gran General se enredó en su capa y, de inmediato, las comadrejas lo atraparon. Así perdió la vida en manos de sus enemigas.


Moraleja: Nadie debe creerse mejor que otro.



                                                                                                                 Candela Baccaro - 2º "A"

LA CIGARRA Y LA HORMIGA



  La cigarra era feliz disfrutando del verano: El sol brillaba, las flores desprendían su aroma...y la cigarra cantaba y cantaba. Mientras tanto su amiga y vecina, una pequeña hormiga, pasaba el día entero trabajando, recogiendo alimentos.
  - ¡Amiga hormiga! ¿No te cansas de tanto trabajar? Descansa un rato conmigo mientras canto algo para ti. – Le decía la cigarra a la hormiga.
  - Mejor harías en recoger provisiones para el invierno y dejarte de tanta holgazanería – le respondía la hormiga, mientras transportaba el grano, atareada.
  La cigarra se reía y seguía cantando sin hacer caso a su amiga.
  Hasta que un día, al despertarse, sintió el frío intenso del invierno. Los árboles se habían quedado sin hojas y del cielo caían copos de nieve, mientras la cigarra vagaba por campo, helada y hambrienta. Vio a lo lejos la casa de su vecina la hormiga, y se acercó a pedirle ayuda.

  - Amiga hormiga, tengo frío y hambre, ¿no me darías algo de comer? Tú tienes mucha comida y una casa caliente, mientras que yo no tengo nada.
  La hormiga entreabrió la puerta de su casa y le dijo a la cigarra.
  - Dime amiga cigarra, ¿qué hacías tú mientras yo madrugaba para trabajar? ¿Qué hacías mientras yo cargaba con granos de trigo de acá para allá?
  - Cantaba y cantaba bajo el sol- contestó la cigarra.
  - ¿Eso hacías? Pues si cantabas en el verano, ahora baila durante el invierno-
  Y le cerró la puerta, dejando fuera a la cigarra, que había aprendido la lección.



Moraleja: No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

                

                                                                                                                   Matías Bolatti -  2º "A"